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Mandalas tejidos

La palabra mandala o mándala viene del sánscrito y significa círculo sagrado, círculo mágico o rueda.

El círculo representa la idea de lo divino, de la eternidad y del universo, de la unidad y del todo, la forma perfecta, sin principio ni fin, presente en todo lo que nos rodea. Se dice que los mandalas encierran un significado espiritual en su interior, que su sola contemplación tiene un profundo poder transformador y que, en su forma arquetípica, pueden despertar en los individuos cualidades como la compasión, la generosidad o la sabiduría.

Aunque son originarias de la India, las configuraciones mandálicas aparecen también en otras culturas, como en el arte cristiano medieval y gótico, en el mundo andino, entre los aborígenes australianos o en la tradición esotérica, en forma de círculos protectores, pantáculos y otros talismanes. Pero quizá los más famosos sean los mandalas realizados por los monjes tibetanos con arena de colores, que se crean para ser destruidos de forma ceremonial, recordando así la impermanencia de la realidad en que vivimos y ayudando en la práctica del desapego.

Los mandalas de arena se realizan a menudo a petición de la comunidad y con la finalidad de traer paz y armonía a los lugares y a sus habitantes, para consagrar remedios medicinales, para purificar ambientes y personas o como iniciación de algún ritual tántrico.